El informe titulado «Desiertos de Noticias Locales en Venezuela» identifica 104 unidades como «desierto» (condiciones insuficientes para el ejercicio del periodismo profesional) y otras 200 como «semidesierto» (condiciones frágiles). De los 104 municipios catalogados como «desiertos informativos», 51 tienen entre 25 mil y 100 mil habitantes, evidenciando que el fenómeno no es exclusivamente rural sino que también impacta ciudades intermedias.
Según IPYS-Venezuela, «el derecho a saber lo que ocurre en la propia comunidad no está garantizado en buena parte del territorio venezolano, en pocas palabras porque la prensa cuenta con lo mínimo para seguir llamándose como tal». Casi la mitad de los proyectos periodísticos evaluados (46,5%) tiene apenas de uno a tres periodistas profesionales, mientras que solo 18,4% se dedica a la investigación y vigilancia al poder.
El análisis revela que la mayoría de los medios (53,8%) reconoció incurrir en prácticas de autocensura y 21,9% denunció censura directa. Del total de periodistas consultados, 95,8% admitió haberse autocensurado por miedo durante 2025. Además, 8 de cada 10 retiraron su firma de los contenidos y casi 9 de cada 10 redujeron la cobertura presencial en favor del trabajo remoto.
IPYS-Venezuela señala que estas estadísticas «más que un problema de mercado, modelo de negocio o de infraestructura mediática, describen un problema de salud democrática». La organización subraya que «cuando la información desaparece o se reduce a la versión oficial sin contraste, disminuye la posibilidad de que la ciudadanía ejerza la contraloría sobre el poder que más directamente incide en su vida cotidiana».
Respecto a financiamiento, 66,8% de los proyectos mencionó la publicidad como principal fuente de ingresos, 30,1% responde a contenido patrocinado, 5,1% sobrevive con apoyo internacional y 6,2% no cuenta con financiamiento. La mayoría utiliza plataformas como Instagram (90,9%), Facebook (65,3%) y TikTok (46,4%) para difundir contenidos, en parte para eludir la censura.
El informe refleja un país «mayoritariamente sumergido en la categoría de desierto de noticias, sostenido por medios institucionalmente frágiles y económicamente inestables, con la autocensura como principal mecanismo de restricción».
Con información de Infobea





